EL DESMADRE DE LOS SERVICIOS SOCIALES

La práctica institucionalizada del desarraigo separa madres de hijos por "el bien del menor". Un "bien" cuya frontera se quebranta a placer, entrando -sin hacer ruído-  en el umbral del delito, marginando más -si cabe-, al pobre, desfavorecido, desestructurado o enfermo. La plantilla devota de asistentes sociales se basa en el viejo método del Patronato de Protección a la Mujer, desaparecido en 1985 para dar paso a la nueva ley del menor.
Mujeres sentenciadas en cuanto "confiesan", avaladas por la confianza que gana muy hábilmente ese funcionariado que se dedica profesionalmente (sin alma) a criminalizar familias, catalogar conductas e inspeccionar hogares.
El "desorden" en una casa puede ser sentenciado con un síndrome de Diógenes. Actualmente, los colegios públicos informan sobre asuntos como la tardanza en adquirir los libros de texto, el delantal o cualquier elemento de material escolar. Ese "retraso", que pasa por carencias económicas, se tacha de "olvido y desatención" al menor. Una especie de control nazi que determina y cataloga familias como "disfuncionales". La ristra de definiciones no tiene desperdicio. "Preocupación mórbida" cuando una madre lucha por recuperar a su hijo. "Trastornos de personalidad" cuando se entra en un proceso desesperante, tan lógico como humano. Están robando niños. La ley, que todo lo puede, dispone de un gran entramado al respecto. La opinión pública emite todo tipo de protestas impulsivas que no se materializan en actos verdaderamente necesarios : manifestaciones contadas con presencias mínimas.
Muchas de las madres, amenazadas por Servicios Sociales, callan. "Si te estás quietecita, tendrás más probabilidades de recuperar a tu hijo". Una mordaza invisible que se mantiene a costa del miedo, la inacción presionada y una espera casi siempre inútil mientras las torean durante años con "planes de trabajo e intervención" y el niño continúa retenido.
Me cuentan que alguien ha visto a una asistenta social borracha perdida en una boda. La misma que sentenciaba a una madre por fumarse un porro y no dudó en estampar su firma para la retirada del niño. También sé de "educadores" en centros de menores sin titulación alguna que no discuten el método y apalizan jóvenes mientras les hacen tragar el vasito de agua con medicación triturada para que no molesten. Y entre unos y otros, esta gran casa se barre la mierda con una facilidad pasmosa. Mujeres que fueron tuteladas en su niñez y adolescencia son carne de cañón para quedarse sin hijos. Madres denunciadas por sus propios padres, que las maltataron en su día. Será que aquel maltrato ha prescrito, y el progenitor criminal continúa con su vara de medir, atando corto a la hija que no se sometió jamás a los rigores familiares. Que todo esto estalle es algo que está por ver. Permanece el pataleo y la rabieta cibernética sin que los medios de comunicación se mojen en exceso. Lo saben, pero mantienen su línea de conducta oficial. Y cuando llegue el momento (lo tengo más que dicho), se apuntará al mambo todo bicho viviente : voceadores con salario asegurado, los subvencionados, los mimados del debate, los famosos, los columnistas que callan y los buenísimos que jurarán "no saber nada" hasta la fecha.
Fuente: Consuelo Garcia del Cid
http://consuelogdelcid.blogia.com/2016/100801-el-desmadre-de-los-servicios-sociales.php/
Nosotras seremos las agitadoras populistas, las locas de esta historia, las de la izquierda enfermiza y las feministas desatadas.

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